La muerte, la muerte de mi padre

hiela y comprime mi pecho,

profundiza mis costados

como daga inmisericorde y asesina

arrebatadora de lo más preciado,

sublime justiciera de lo ignoto.

Ese ignorado estadio, donde pacerán

todos los espíritus

y donde no sabemos

si volveremos a reunirnos

con nuestros seres queridos.

¿Y si así fuese?

¿Con que brazos nos apretaremos?

¿Con que pechos nos rozaremos de amor eterno?

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