El dolor, el llanto y la tristeza de mi hijo,

por mi supuesto abandono, es un daño tan profundo,

que por más, que lo abrazo, lo acaricio y lo beso,

siempre le queda el desamparo en su mirada.

Devolver el brillo a sus ojos,

la confianza a su mirada

y la felicidad a su rostro,

es la mayor y mejor razón

para sentirme útil en esta vida.

…que se me escapa.

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